February 24, 2026

El rol de la primera y última milla en el desempeño intermodal

Cuando se habla de transporte intermodal, gran parte de la atención suele centrarse en el tramo ferroviario. Sin embargo, el verdadero desempeño de una operación intermodal se define en gran medida por dos momentos clave: la primera y la última milla. Estos tramos, aunque más cortos en distancia, concentran una alta complejidad operativa y tienen un impacto directo en la eficiencia, la seguridad y la confiabilidad de toda la cadena logística.

La primera milla es el punto donde comienza la ejecución del diseño logístico. Es aquí donde se conecta la planeación con la realidad operativa: horarios, disponibilidad de unidades, condiciones del sitio de carga y preparación del contenedor. Una primera milla bien coordinada permite que la carga llegue a la terminal intermodal en tiempo, forma y condiciones óptimas, evitando retrasos que pueden propagarse a lo largo de toda la operación.

En este tramo inicial, la sincronización es fundamental. El intermodal depende de ventanas específicas de corte, itinerarios ferroviarios y secuencias operativas bien definidas. Cuando la recolección no está alineada con estos tiempos, se generan costos adicionales, reprocesos y pérdida de eficiencia. Por ello, la primera milla no debe entenderse como un traslado aislado, sino como parte integral del sistema intermodal.

La última milla, por su parte, representa el cierre de la operación y, en muchos casos, el momento que define la percepción del cliente. Después de recorrer largas distancias por ferrocarril, la entrega final requiere la misma precisión que el resto del trayecto. Coordinación con centros de distribución, disponibilidad de citas, condiciones de descarga y comunicación efectiva son elementos que influyen directamente en el cumplimiento y la experiencia del destinatario.

Ambos tramos comparten un reto común: la gestión del entorno local. A diferencia del ferrocarril, que opera bajo esquemas más estandarizados, la primera y última milla están sujetas a variables como tráfico, accesos urbanos, normativas locales y particularidades de cada instalación. Diseñar estos recorridos con conocimiento del contexto permite reducir fricciones y aumentar la confiabilidad del servicio.

Además, la primera y última milla cumplen un papel clave en la visibilidad de la operación. Es en estos puntos donde se concentra una parte importante de la información crítica: estatus de carga, tiempos reales, incidencias y confirmaciones. Una correcta gestión de estos tramos fortalece la trazabilidad y permite tomar decisiones oportunas ante cualquier desviación.

En el desempeño intermodal, la primera y última milla no son un complemento del ferrocarril, sino un componente estratégico. Cuando estos tramos se integran desde el diseño de la solución logística, el intermodal alcanza su máximo potencial: eficiencia operativa, continuidad en el servicio y una ejecución alineada de principio a fin.

Entender y optimizar la primera y última milla es, en esencia, entender cómo funciona realmente una operación intermodal exitosa.

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